[Mon May 22 20:11:04 CDT 2017]

Lo del PSOE a estas alturas es ya tragicómico. Después de tantas vueltas, resulta que acaba como estaba antes de empezar, esto es, con Pedro Sánchez de Secretario General e incapaz de ponerse de acuerdo sobre la estrategia a seguir a corto plazo. Peor aún, dividido casi en dos mitades exactas sobre qué pasos seguir. Y no solo eso, sino que, además, se ven obligados a convocar un congreso cuanto antes para intentar aclarar algo el panorama. Lo mismo a mucha gente se le habrá olvidado ya, pero quienes organizaron la ominosa conspiración del 1 de octubre para provocar la dimisión de Pedro Sánchez lo hicieron, entre otras cosas, porque se oponían a la convocatoria de un congreso del partido para decidir sobre su política de pactos. Ahora, meses después, resulta que se convocará después de todo.

En fin, como decía, que esto va de mal en peor. Para sorpresa de quienes lo tenían todo "atado y bien atado" (esto es, la gente del aparato), Pedro Sánchez ha vencido en las primarias del PSOE. Y, además, lo ha hecho de manera contundente. Le ha sacado ni más ni menos que unos 15.000 votos y más de diez puntos porcentuales de diferencia a Susana Díaz, la candidata, por así decirlo, oficialista. Por cierto, que ésta última ha obtenido menos votos que avales en su región natal. Quien ha militado en el PSOE sabe perfectamente de qué va el juego y el significado que esto tiene. Mientras que los avales se firman, por así decirlo, "a cara descubierta", el voto en las primarias era individual, intransferible y secreto. Ya sabemos lo que ocurre si alguien se niega a firma un aval para Susana y, por una de esas casualidades del infortunio, desempeña un cargo público o, simplemente, tiene un puesto de trabajo de los de "designación política". En Andalucía las afinidades se miden en las votaciones y se premia (o castiga) de acuerdo a lo que se hace en los momentos fundamentales. Así es el aparato dominado por Susana (y por otros antes de ella que tampoco eran mucho mejores, la verdad). Por cierto, que ahora parece bien claro que el apoyo contundente de la guardia pretoriana del partido (Felipe González, Alfonso Guerra, Zapatero, Rubalcaba y tantos barones) no ha hecho sino restarle votos a su candidatura. Y es que vivimos unos tiempos en los que no conviene retratarse demasiado con las "élites". Andan bien desprestigiadas.

En todo caso, el resultado de estas primarias no hace sino complicar bastante las cosas, creo yo. Seamos claros: aunque haya ganado Pedro Sánchez, el PSOE está dividido en dos mitades con un apoyo prácticamente similar. Y, además, parece bien difícil llegar a un acuerdo de consenso entre las posiciones fundamentales de ambas corrientes con respecto a asuntos tan importantes como la política de coaliciones, el concepto de Estado o las medidas económicas. De hecho, uno casi se atrevería a advertir que, si por un mal de Dios, Susana y los suyos se lanzaran a otra operación de acoso y derribo como la que realizaron el pasado octubre (y Susana, por cierto, es muy dada a ese tipo de cosas), la cosa lo mismo podría acabar en la partición del centenario PSOE en dos grupos casi irreconciliables: uno más a la izquierda y dispuesto a llegar a acuerdos con Podemos y otro más al centro y dispuesto a llegar a acuerdos con Ciudadanos.

Y, a todo esto, la dirección del PP haría bien en dejar de frotarse tanto las manos. Lo mismo les aparece a ellos un partido por su derecha que les lanza por sorpresa al mismo abismo en que ahora se encuentran los socialitas. Cosas más raras se han visto. La política es así. {enlace a esta entrada}